"Crónica de la pasarela de María Pinto"
Después de levantar la pasarela con gatas hidráulicas, la situamos sobre los rodillos fijos y comenzamos el traslado lento, pero con seguridad, como cuando lanzamos nuestros puentes mecanos, a pura fuerza humana. Todo el personal participaba en esta travesía, incluyendo vecinos del sector. Los problemas se presentaban en las curvas de la huella del camino.
La pasarela medía 28 m de largo por 1,80 m de ancho y con los 2,40 m de alto, nos desafiaba en los virajes. Debíamos hacer excavaciones en la ruta de avance para colocar los rodillos o construir emparrillados para darle altura con la finalidad de llevarla nivelada, eran tareas constantes y que aparecían muy a menudo en las curvas del sendero. El trabajo de retirar los últimos rodillos y colocarlos adelante era tarea de 4 hombres, los que formaban dos parejas de trabajo. Fue una odisea desplazar la pasarela a campo traviesa y sobre los rodillos de un puente mecano, cosa que nunca habíamos realizado y que escapaba de toda imaginación y que por lo demás, no se enseña en las salas de clases.
Al segundo día de trabajo con los rodillos y en una curva muy cerrada, decidimos separar la pasarela, para ello teníamos que soltar los pernos y después de un arduo trabajo logramos nuestro cometido, los pernos estaban oxidados y era muy difícil extraerlos, debido a la prolongada exposición a la intemperie que llevaba la pasarela.
Por las irregularidades del sendero se hacía más difícil el traslado empleando rodillos, habíamos solo avanzado unos 400 m en dos días, hasta
que en un momento propongo emplear un camión tolva sin su tapa posterior y el cargador frontal, para terminar el traslado de las dos partes de la pasarela.
Así se hizo y todo resultó un éxito, el cargador colocó un extremo de la pasarela en la tolva del camión y luego tomó el otro extremo en su pala y sincronizadamente comenzó el avance hasta llegar al lugar de instalación.
Unir nuevamente la pasarela era la tarea a seguir, se oscurecía y el frío y la niebla entorpecían la labor. Alumbrados con los focos del camión tolva colocábamos perno tras perno, las manos heladas, el frío reinante y la niebla nos obligaban a estar en constante movimiento, ya eran las 1 AM y debíamos terminar el ensamble de la pasarela, ya que al día siguiente llegaba una grúa y la instalaría sobre los gaviones de 4 m de altura.
Por fin se armó de nuevo la pasarela y ya era la hora de pasar al reposo. El camión tolva no arrancaba, su batería quedó sin carga eléctrica y debimos hacerlo partir empujándolo a fuerza humana, era el único vehículo que estaba en esa orilla. Desplazar un camión a fuerza humana en un terreno arenoso no causaba simpatía alguna, entonces ayudados por el vehículo del jefe de la comisión, un jeep Suzuki, pudimos lograr que arrancara el motor y así emprendimos el regreso.
Al día siguiente, en el transcurso del medio día llegó la grúa, maquinaria que sería la encargada de colocar la pasarela metálica sobre los estribos hechos de gaviones, había allí por lo menos la mitad de la población de Isla de Rojas, quienes con anansias miraban aquello que sería su nuevo “puente”, aunque todavía dudaban del tiempo que se mantendría en uso por la crecida del estero Puangue.
Con unos movimientos de la grúa se logró el asentamiento de la pasarela en el lugar establecido y se remataron los trabajos de los detalles finales, que permitieron conectar este sector con la comuna de María Pinto.
La grúa arrojó el tonelaje de la pasarela y era exactamente igual al peso que habíamos calculado, felicidades nuevamente para nuestro SOM.
Solo queda destacar el trabajo de todo el personal que participó en esta gran obra y que presentó un gran desafío para cada uno, haciéndonos sentir orgullosos de pertenecer a esta querida arma del Ejército de Chile.
CONCLUSIÓN
El trabajo de construcción de la pasarela en María Pinto, se realizó en un ambiente sano de camaradería y profesionalismo, dejando una experiencia enriquecedora en todo el personal que participó, ya que se puso a prueba los conocimientos técnicos de los comandantes de los diferentes niveles y los exigió al máximo.
Además, presentó un gran desafío a los alumnos, los que conocieron en forma práctica, el trabajo efectivo que deben realizar los soldados ingenieros, siendo proactivos, con iniciativa, perseverancia, trabajo en equipo, poseer material con autoinstrucciones en el lugar de trabajo, trabajar más allá de las horas normales, entre otras competencias, lo que les permitió acrecentar, aún más, su vocación de servir en esta prestigiosa arma.
Han transcurrido cuatro inviernos y la pasarela sigue tal cual la dejamos, no presenta problemas en sus estribos y las crecidas del estero no han causado daño alguno. Es el informe que nos llena de orgullo y que da testimonio fehaciente de lo realizado en beneficio de la comunidad de María Pinto.
Finalmente, el personal que participó en esta obra fue el siguiente:
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